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Facilidad del fraude

 

fraude

 

 

Es indudable que la codicia, la ignorancia, la necesidad, el miedo y la distracción, facilitan el fraude.

En el caso de la codicia, el fraude se facilita cuando se le promete a la víctima una ganancia sin esfuerzo, lo suficientemente atractiva como para que su mente haga cuentas y se le genere esa sensación de contar con esos dineros de manera fácil y sin riesgos. El defraudador sólo tiene que decir: “si me das esta suma de dinero, en un mes se te duplica o triplica y te lo depositaremos en tu cuenta”; “saca tu dinero del banco y

se lo damos prestado a fulano, y nos va a pagar diez veces más de intereses”; o cualquier otra estratagema similar, en la que la víctima se sienta más adinerada de lo que tiene, aunado a una buena dosis de embaucamiento, palabras dulces,

actitud sincera y, en muchos casos, desinteresada –“te estoy haciendo un favor”; “pensé en ti porque eres mi amigo, o me pareces de confianza, pero no tendrás compromiso conmigo si no quieres”; “la fecha vence mañana, así que dime si le entras o no o dejarás ir esta oportunidad”-, en fin, palabras que hacen sentir a la persona objetivo una urgencia de invertir su dinero en “ese negocio” que le redituará mejores ganancias y sin esfuerzo alguno.

Otra manera de defraudar es aquella en la que la víctima piensa que

se aprovechó de otra persona, como es el caso de esas gentes que en la cola del banco para hacer un depósito en efectivo, les dicen “mira, tengo muchísima prisa, debo cambiar este cheque de dos mil pesos, pero falta mucho para llegar a la ventanilla, cámbiamelo y dame mil ochocientos, que te queden doscientos, pero debo irme ya”, la víctima, saboreando la ganancia de doscientos pesos – en muchos de los casos son empleados que se les encarga ir a depositar-, entregan el efectivo al defraudador, quien sale de prisa del banco simulando su urgencia de ir a alguna parte. La persona llega a la ventanilla para depositar el cheque y, ¡oh, sorpresa!, el cheque es falso, no tiene fondos o es robado”. Y ahí viene el tronar de dientes y jalarse los cabellos.

La codicia es castigada con la desaparición del dinero, de la persona a la que se entregó el dinero o la falta de pago de la persona a la que se le prestó –“y ahora que me cobren como puedan”, “fíjate que la empresa no existe”, “nos robaron pero déjame ver si podemos recuperarlo”-. Consejo: Si no revisas bien el estado en que se encuentra esa empresa, los papeles que soportan su solvencia y las garantías, mejor deja tu dinero en paz.

La ignorancia en la más de las veces un caldo de cultivo del fraude. Han sido más las veces en que a una persona le hagan fraude aprovechando su poco conocimiento de la operación que se le propone. En este caso el defraudador envuelve a su presa con argumentos que parecen sólidos. El error de la persona ignorante es que no consulta otras opiniones de gente que no tiene relación alguna con el defraudador. “Si no sé, pregunto”, es la frase que algunas personas mayores repiten y aconsejan. Es mejor preguntar que dar por sentado que lo que se dice es cierto.

La necesidad es también una facilitadora del fraude y aquí podemos encuadrar a la necesidad de afecto y de salud. Una persona que carece de afecto es susceptible de enamorarse, lato sensu, de otra que le prodiga ese estado; cuando la víctima se encuentra ciego de amor o ternura, el defraudador inicia con lamentaciones de su situación económica o problemas con personas y aprovecha la angustia que causa al enamorado. Y es en ese momento en que la víctima se deshace de sus bienes o firma como aval o deudor directo para obtener los satisfactores de su amado/a. Se han conocido casos en los que las víctimas son despojadas de sus bienes y abandonadas, y ven tristemente sus cosas son disfrutadas por otra persona que vive ya con su ex amado/a. Es lamentable.

¿Cómo evitarlo?; muy difícil porque los “males” del corazón son casi insoportables; pero los papás pueden donar sus bienes y quedarse con el usufructo vitalicio; educar bien a sus hijos en como resguardar sus bienes; crear fideicomisos para proteger sus bienes contra actos imprudentes de los beneficiarios; en fin, hay muchas maneras de evitar este fraude. Pero lo más importante, es dar seguridad y amor a nuestros hijos, esposa/o y familia.

En el caso de la salud, el fraude más común es el de los charlatanes, espiritistas, interdimensionadores (no puedo definirlos de otra manera), brujos, y los famosos productos milagro, que duran de todo. Desafortunadamente hay personas que padecen enfermedades y la falta de conocimiento de los doctores o recursos no pueden aliviar o curar. Esto hace que en la desesperación se escuchen promesas de cura de personas que aprovechan esta situación y les cobren mucho por eso. Existen medicamentos alópatas, homeópatas, herbolarios, imanes y acupuntura, que ha demostrado ser efectiva, pero hasta hoy, hay muchas enfermedades que no se curan son sesiones espiritistas. Hay que aceptar y ser positivo y someterse a los tratamientos de profesionales.

El miedo es también un facilitador del fraude. Cuando no se tiene templanza es fácil ser presa del miedo. El defraudador que utiliza el teléfono para amedrentar a la víctima utiliza el miedo para obtener su ganancia; la amenaza de que sus familiares puedan ser asesinadas o secuestradas provocan en la víctima un impacto que la hace presa de sus peores temores. Una persona miedosa cae en las mentiras que se le dicen, y no piensa, no razona, simplemente se deja llevar por las palabras del defraudador y hace lo que le dicen. “El miedo inmoviliza tus acciones”. El miedo es de los peores males de la persona, debe ser atemperado.

Por último, la distracción. Si no se está atento a lo que se nos está diciendo y para disimular esa falta de atención al interlocutor, se acepta o consiente algo que nos hará perder nuestro patrimonio. El defraudador, habla y habla, hasta que observa que tiene “envuelto” al objetivo y en cuando le entrega los papeles a firmar o pide su aprobación para la operación “exitosa” o “bastante lucrativa”. La víctima acepta y cuando suceden las cosas, se rasca la cabeza y no alcanza a entender, cuándo y cómo fue que aceptó ese trato. Sugerencia: cuando se hable de dinero o bienes a entregar, lo mejor es estar atento y concentrado, no firmar nada hasta consultar otra opinión de confianza.

Espero que esta lectura les sea útil, los haga reflexionar y compartan con sus allegados para que no caigan en estos supuestos.

Saludos

C.P. y L.D. Jorge Padilla

Febrero 2016.